Bonos del Estado
Son una de las inversiones más seguras del mercado en situaciones de gran fluctuación bursátil, de no muy cuantiosa rentabilidad. Son a largo plazo entre 3 y 5 años. La rentabilidad es de un 4% aproximadamente. Al ser el riesgo de inversión bajo también disminuye la rentabilidad financiera, aunque sí le aportan seguridad al propio inversor, porque el Estado es quién se hará cargo de devolver la deuda adquirida con el inversionista, más los intereses devengados en la operación.
Inversión fácil para principiantes. ¿Qué es exactamente un bono?
Los bonos son títulos de deuda que emite un emisor sea el Estado, una institución pública o privada, el gobierno, un municipio o cualquier tipo de empresa comercial, industrial o de servicios, e incluso, un organismo supranacional, como es el caso, a modo de ejemplo: el Banco Europeo de inversiones. Estos títulos de deuda salen a la luz cuando dichas instituciones se encuentran escasas de liquidez monetaria y se ven en la obligación de conseguir capital, a través, de los mercados financieros. Los bonos pueden ser de dos tipos, renta fija o variable. A la hora de negociar se hace a través de estos títulos, en la bolsa de valores o mercados financieros, generalmente, van a nombre del portador. El compromiso firme del emisor es devolver el efectivo que le ha sido entregado, más los intereses devengados en la operación acordada.
Ventajas e inconvenientes a la hora de invertir en bonos del Estado
Entre las grandes ventajas de la adquisión de los bonos están la seguridad, sencillez en la mecánica para operar con ellos, garantía directa del Estado, facilidad y simplicidad en la contratación y no se necesitan grandes conocimientos en la inversión. Finalmente, son pocos los inconvenientes de dicho sistema, pero sí pueden ser algo incómodo al ser operaciones de largo plazo. Al ser su rentabilidad menor en comparación con otros tipos de inversiones y, a la vez, son a muy largo plazo entre 3 y 5 años, existe el riesgo de no poder hacer efectivo el capital invertido antes de lo pactado y, en consecuencia, no poder aprovechar otras inversiones que aporten mayor rentabilidad al inversor. Hay que tener muy en cuenta, la existencia de otros tipos de inversiones y productos ofertados por la deuda del Estado, con plazos más cortos y beneficios semejantes. Son inversiones ultradefensivas ante la inseguridad financiera y son contratados mediante subastas competitivas.
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Ahorrar dinero incluso con una hipoteca
Dicen que en cuanto contratas una hipoteca con una entidad bancaria no sólo te has casado con el banco y es él el dueño de tu vivienda, sino que también supone el fin de tu vida social, porque ya no vas a poder gastar en nada que no sea el hacer frente a las cuotas mensuales.
¿Se puede ahorrar?
Como todo en esta vida, el hecho de poder ahorrar incluso teniendo una hipoteca depende de muchos factores. Principalmente, de los ingresos que uno tiene y del porcentaje de esos ingresos le dedica al pago de la hipoteca. Así, teniendo un buen sueldo y destinando un 30% al pago de la vivienda, que se supone que es el porcentaje adecuado para sostenerse, uno puede vivir holgadamente y encima ahorrar un buen dinero para el futuro. La única pega que tiene este argumento es que, por desgracia, no muchos pueden contar que tienen un buen sueldo hoy en día en este país.
El problema del precio de los pisos
El principal problema con el que se encuentran las familias de hoy en día, sobre todo las jóvenes, para ahorrar aún pagando la cuota mensual de la hipoteca, es que, no sólo no tienen unos ingresos altos, sino que el precio de los pisos está por las nubes. Esto provoca que las familias no puedan destinar sólo el 30% de sus ingresos a la hipoteca, sino que deben poner generalmente más de la mitad. Así, queda poco ingreso para mantener a los miembros de la familia comiendo caliente cada día y casi nada para ahorrar.
Malabarismos
Es por esto que las familias deben hacer malabarismos para guardar algún montante con lo que les queda después del pago de la hipoteca. Así, el más utilizado por los ciudadanos de a pie es lo que se conoce como ‘apretarse el cinturón’. Esto se consigue a costa de perder muchas otras cosas, entre ellas, la vida social. Salir a tomar algo con amigos es un gasto evitable que suele ser el primero de la lista de recortes de la nevera.
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